Cómo se fabrican órganos artificiales para trasplantes

La fabricación de un riñón artificial y su trasplante y funcionamiento en ratas se une a los avances conseguidos anteriormente gracias a la medicina regenerativa y la bioingeniería

Julia Manzerova

Para todas aquellas personas con problemas de salud que hayan necesitado un trasplante, la vida se ralentiza muchísimo. Estar en una lista de espera para conseguir ese órgano que no llega resulta en ocasiones agónico.

Sin embargo, el año pasado, según cifras de la Organización Mundial de la Salud y el Registro Mundial de Trasplantes, se realizaron un 3% más de trasplantes en todo el mundo. Según estos datos, durante el período comprendido entre finales de 2011 y 2012, se habían realizado 106.879 trasplantes de órganos sólidos, sin duda, cifras impresionantes para la medicina.

A pesar del crecimiento de donantes y trasplantes, aún se necesitan mayores esfuerzos para tratar de evitar las largas listas de espera y en ocasiones, las consecuencias fatales de que el ansiado órgano no llegue nunca. Para ello, uno de los objetivos de la medicina regenerativa es conseguir órganos artificiales para trasplantes, lo que aliviaría mucho la situación de gran parte de los pacientes. Pero, ¿es posible en la actualidad hacerlo?

Investigadores del Massachusetts General Hospital de Boston han publicado un importante descubrimiento en Nature Medicine, que supone un paso más en la creación de órganos artificiales para trasplantes. Para ello, utilizando un riñón obtenido de un donante, llevaron a cabo un proceso conocido como descelularización. Mediante esta técnica, limpiaron con detergente las células del órgano "viejo", de forma que solo quedó la matriz del propio riñón, que emplearían luego como andamio para fabricar el riñón artificial.

A partir de ahí, llevaron a cabo un proceso de recelularización, es decir, sobre la estructura de colágeno que quedaba tras la "limpieza" anterior, sembraron células extraídas del paciente que han sido cultivadas con factores de crecimiento. Para ello los científicos norteamericanos repoblaron con células humanas de endotelio y células renales de ratas recién nacidas el nuevo riñón, de forma que fueron capaces de dar un paso más en la construcción de órganos artificiales para trasplantes.

Una vez que terminaron de fabricar el nuevo riñón, lo trasplantaron a una rata con éxito, aunque los resultados de su funcionamiento no fueron comparables a los de un órgano natural. Los riñones trasplantados comenzaron a producir orina en cuanto el suministro de sangre fue restaurado, sin que se observaran hemorragias o coágulos. Aunque la función general de estos órganos artificiales para trasplantes se vio reducida, este sin duda es un gran paso para la medicina regenerativa. En el futuro, quizás si se mejorara el proceso de recelularización, según los investigadores, podríamos obtener mejores resultados.

El éxito obtenido en Boston, sin embargo, no es totalmente novedoso, ya que desde hace años la medicina regenerativa busca crear nuevos órganos artificiales para trasplantes. Esto supondría, sin lugar a dudas, un gran paso en el cuidado de nuestra salud.

En 2011, por ejemplo, se publicó en la revista Lancet el avance conseguido por investigadores del Instituto Karolinska de Suecia. En su artículo, confirmaban la fabricación de una tráquea artificial que había sido implantada en un hombre que padecía un cáncer incurable. En su caso, el tumor estaba aislado, de forma que la retirada de la zona de la tráquea afectada y su sustitución por uno de estos órganos artificiales para trasplantes, supuso el mejor tratamiento posible para este individuo.

A partir de la extracción de células madre de la médula ósea del paciente, se cultivaron y diferenciaron con factores de crecimiento y se reconstruyó con ellas la parte extirpada al paciente, que era la zona de la tráquea donde se presentaba el tumor.

En 2001, la Historia demostró que era posible fabricar un corazón artificial e implantarlo en un paciente, Robert Tools, que sería capaz de vivir 151 días sin este órgano biológico. Diez años más tarde sería trasplantado en España el primer corazón artificial de forma permanente, realizo mediante un impresionante dispositivo de titanio que incluía un motor para su funcionamiento.

Aunque se han desarrollado otros órganos artificiales para trasplantes mediante bioingeniería, y el uso de las células madre sigue siendo una promesa importante en medicina regenerativa, aún quedan años para que podamos ver esto en la práctica clínica habitual. Sin embargo, el hallazgo de Boston, junto con los avances anteriores, genera de nuevo esperanzas para los pacientes que esperan un órgano para realizar un trasplante.


Fuente

GamesGt JuanjoApps

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